miércoles, 2 de noviembre de 2011




 Sin Reglas ni Edad…
Autora: Heaven Masen

Porque yo ponía las reglas y ellos las acataban, me gustaba como soy el que fuera capaz de cumplirlas se ganaba el cielo y el que no se ganaba el infierno. Apenas podía hablar de amor esa palabra estaba excluida de mi diccionario no quedaba tiempo para tonterías en mi mundo solo quería disfrutar vivir Relax… sin ningún perrito faldero a quien darle explicaciones y mortificándome con ello por dios ¿¡quien dice que necesitamos hombres para vivir!? - Muchas chicas de hecho diría yo-

Mi mundo solo lo encabezaba el pasado la tristeza y la soledad, algo que me dejaba un mal sabor en la punta de mi estomago.

Me llamaban la pateadora si solía serlo ¡claro que lo era! la verdad no sabía en qué me había convertido de un tiempo para otro ¿chocolates y flores? Quién diría que ese personaje me terminaría arruinando mi vida la que yo llamaba más que perfecta era mía mi forma de vivir, mi estilo lo que me diferenciaba entre la cochina y puta sociedad en la que ahora vivíamos. Había logrado cambiar mi forma de pensar tan radical que un día me había mirado en el espejo fijamente y no me llegaría a reconocer en absoluto.

Irónico fue ese personaje que había llegado a mi vida es verdad lo que decían entre el amor no hay edad, apoyaba lo de la edad pero le agregaría sin reglas porque ese era mi mayor estimulante mi consecuente de la estupidez e inmadurez mi vida se titulaba por eso por aquella frase: “Sin Reglas ni Edad”.

I parte


-¿Qué rayos haces?- le había gritado al estúpido que había puesto mostaza en vez de kétchup en mi perro.-Te dije que sin mostaza imbécil.- se me quedo mirando de arriba abajo debió ser por mi atuendo tan negro y desconfiado o era mi pelo que no me lo había peinado como siempre. No sabía lo que era ni tampoco me importaba solo me miraba extraño porque quería, porque no me la pasaba las 24horas del día metida en la peluquería o en tiendas de ropas lo único que me importaba era estar bien conmigo misma el mundo me valía mierda de ellos no me alimentaba y era muy cierto lo que pensaba.

-¿¡Que miras!? ¿Quieres una maldita foto o qué?

Su boca se abrió de impresión y sus ojos se movieron desorbitados, empezó a preparar otro perro calientes ni siquiera era capaz de sostenerle con fuerza.

Lo fulmine con la mirada, mientras que sus cachetes se enrojecían de temor.

-¡Vamos!- irradie de ironía. Di la vuelta esquivando el carro de perros lo empuje para alejarlo.- No puedes ser tan inútil porque tu mama no pudo.- empecé a preparar el perro como lo había visto siempre no le había echado mostaza sino Kétchup tal como lo quería lo termine y lo sostuve admirándolo por unos segundos.

-Ahora si… se lo puede comer se-ño-ri-ta.- tartamudeo.

Me pase la lengua entre mis comisuras y resople.

-No. ya no lo quiero sabes ahora que me acuerdo tampoco me gusta la kétchup y este tiene mucho tanto que me dan ganas de vomitar.- negó la cabeza confundido ante mis palabras.

-¿A ti te gusta la Kétchup?- le pregunte con carita arrepentida y con la voz más angelical que podía salir de mi.- Por que esto tan delicioso no se puede desperdiciar así como así.

Asintió lentamente y trago en seco por su físico necesitaba un camión de estos.

-Pues me alegra.- Admire por última vez el perro antes de que se convirtiera en nada me dio hasta tristeza.

Suspire. Luego se lo lance al rostro y se lo restregué lo mas que pude.
-Pues hay lo tienes, aprende a atender a tus clientes es para que los vendas no para que te los comas todos idiota.

Le dedique una sonrisa retorcida di la media vuelta y me fui tan campante como campanita. Sentía muchas miradas a mi dirección y analice a toda la gente que lo hacía con asco me reí lo mas que pude disfrutaba mucho de esto era mi Hobby era así y nadie me podía cambiar ni siquiera el mismo Dios si es que en verdad existía.

Se preguntarían porque era de esa manera porque me empecine con un pobre hombre que se ganaba la vida con perros calientes. No hallaría como explicar mis reacciones tan desprevenidas y locas claro ayudaría un poco agregar a mi padre alcohólico mi mama en un manicomio consecuencia del carácter de mi padre y mi hermano sicario jugándose la vida en las calles y yo una estúpida cajera que apenas podía ayudar con la renta del apartamento si es que se podía llamar así ese cuchitril de poca clase. Mi vida no era de color rosa ningunas lo eran pero la mía no le agregaría un “Felices para siempre” pero la aceptaba con orgullo.

No sé como mi Hermano había llegado a vivir matando a la gente a sangre fría, pero decía que ya estaba arto de la vida opinaba lo mismo que yo la vida era una completa y total mierda no había servido en los estudios y decía que quería servir en algo quería morir haciendo algo, así fuera matar. No le importaba los 10 mandamientos “no matareis” era el más importante él había roto esa regla no solo esa todas en total.

Pero no me importaba él era mi padre y mi madre mi hermanito querido la única razón por la que estaba viva si es que lo estaba, solo que algunas veces parecía muerta en vida después de todo ese era mi segundo sobrenombre que el tonto de mi hermano me había puesto para molestarme y sí que lo hacía.

Mi padre no lo veía como ejemplo alguno no le sentía ningún cariño solo lastima y asco nunca había llevado esa figura como tal lo odiaba por viejo verde, lo odiaba con toda mi alma por haberme hecho eso… eso que se convertía en la más grande cicatriz de mi vida no quería mencionarlo lo llevaría hasta la tumba si no fuera por mi hermano desde hace tiempo estaría bajo tierra comiéndoselo los gusanos como basura como la gran basura que era.
Pero a ese tarde o temprano le llegaría su navidad eso lo juraba.

Y mi madre que podía decir de ella nunca la visitaba no le podía mirar a los ojos, de todos modos a nadie reconocía solo vivía en su pequeña Burbuja en su pequeño mundo aunque me hubiera gustado estar en su posición así no mirase a mi alrededor y no me acordara de que mi vida era un desastre.
Iba rumbo a mi trabajo no había logrado desayunar claro estaba.

A lo mismo de siempre a la gente estúpida mirando mi cara y a los niños ridículos burlándose de mi forma de vestir.

-¿Como esta mediocre?-salude al guardia que trabajaba en el Super Mercado.
Me dedico una sonrisa retorcida, al igual que yo se la devolví con más entusiasmo me caía de la patada era la realidad exclusivamente todos y más aun una chica que no paraba de hablar estupideces.

-¿Cómo estas tarada?- salude a la compañera de trabajo cotorra.

Era de estatura baja , su piel era blanca parecía un papel y su cabello de color bronce, sus ojos eran negros y brillaban por cada cosa que sucediera en este planeta su sonrisa loca y blanca y su atuendo tan rosa y coqueta como nadie, era única entre todas las chifladas que existían en este mundo eso lo podía asegurar.

Me miro firme pero luego sonrió estaba demente había hecho hasta lo imposible para que ella me odiara y nada había funcionado hasta había llegado al límite de simular que tenia piojos en la cabeza y nada aun seguía hay.

-Eres tan fastidiosa ¿Lo sabías?- le dedique una sonrisa obligada.

-¿Como estas amichí?- se acerco a mí corriendo como una bailarina acortando nuestros pasos y me dio un abrazo que apretó mis órganos internos.

-¿¡Qué haces loca!?- la aparte a centímetros de mi cuerpo.

-Es solo un abrazo.- se quejo.

-Casi me matas caray no me gustan y menos viniendo de ti.

-Si lo sé pero igual te considero como una amiga y solo me preocupo por ti, alguna veces pareciera como si estuviera desde el principio relacionada contigo.- su cara afligida hacia que me sintiera culpable por un momento le hice caso omiso a ello y me concentre en esquivarla.

Bufe.

-Que profunda me llego al alma créeme Heather.

Se cruzo de brazos y levantaba las cejas esperando algo mejor que saliera de mi boca.

-Te saldrán Raíces, porque nunca… ni lo pienses.- le advertí antes de que pusiera esa carita de perrito degollado que tanto odiaba y me hacía sentir tan culpable.

-Se que tu y yo somos tan diferentes.- me miro de arriba abajo con esa cara de pocos amigos, me había dicho una y otra vez que ella me ayudaría a cambiar mi forma de vestir y todo de mi. Pero desde luego me negué a su consejo me sentía bien conmigo misma, eso creía o no estaba segura pero no cambiaria le tenía miedo a ello.-Pero en el fondo tenemos algo en común, nuestras vidas son una mierda aunque yo trate de vivirla a color de rosas.

Me quede anodada no se qué le había pasado que ahora hablaba cosas coherentes muy bien dichas que no concordaban con lo normal de todos los día que podía decir ella.

-Señorita Heaven, Señorita Heather es hora de trabajar ¿Que están esperando aumento de sueldo? ¡Qué más soñaron!

-Estúpido imbécil, ¿que se cree? el cara de aborto ese.- grite para mis adentros.

Lo fulmine con la mirada y me dirigí a mi lugar de trabajo. Si no fuera porque necesitaba este trabajo para mi mismo sustento mandaría a ese cretino a los mil demonios.

Y así transcurrió el día como toda la rutina quejosa de mi vida, esta vez me sentía de mal humor de mal todo no había algo que me emocionara y me alegrara mi negro día.

Ya eran las 6:00 y había sonado el timbre de salida, arregle mi bolso y mi chamarra para cerrar la caja y dejar todo en orden-Disculpe Señorita.- me hablo aquel hombre que estaba justo enfrente de mí esperando que le cobrara los productos que muy tarde había comprado.

Su pelo era castaño  que refulgía de acorde con su piel, sus ojos eran color caramelo con un tés marrón eran hermosos su perfil era perfecto casi detallado por los Ángeles y su dentadura tan blanca y radiante, su atuendo de chico guapo nada parecido a lo estrambótico sus labios tan rosados que me parecían fresas. Era el chico más hermoso que había conocido en mi vida eso lo podía jurar.

Parpadee dos veces antes de poder pronunciar una sola palabra.

-Ya estamos cerrando lo siento.- podía haber quedado muy impresionada con él, pero nada del otro mundo no me doblegaría por un chico que parecía ser perfecto.

-Necesito las cosas, hagamos solo una acepción esta vez.- me suplico.
-Para ser un desconocido detallarte con mi mirada y simular que eres una buena persona, lo voy hacer es mi trabajo después de todo.

Curveo sus labios de medio lado, haciendo una sonrisa… es que todo le quedaba bien no había error en ese chico.

Mientras que sacaba la cuenta con apuro antes de que el jefe me viniera a gritar, antes de que pasara la pena más grande de mi vida.

-Como se llama Señorita.- pregunto curioso.

-Estoy simulando que te conozco pero no que te tenga que decir mis datos y mucho menos como me llamo.

Se rio entre dientes.

-Mi nombre es Edward.- estiro su mano cordialmente.

-Yo no te pregunte, y no me interesa saberlo.

- ¡Auchs! Eso duele, sé que no eres muy amable que digamos pero quizás podrías hacer otra acepción con este pobre chico.

Me reí a duras penas, luego enderece mis labios de nuevo.

-Vez que no cuesta tanto sonreír me merezco al menos saber tu nombre por hacerlo.

-¿¡Me cobras por reírme!? Se suponía que era gratis.

-¡Señorita Heaven!- grito mi jefe lo que más me temía.

-Creo que te metí en serios problemas Heaven.

Le dibuje una sonrisa de medio lado obligada desde luego.

-Crees muy bien… eres muy listo para armar conclusiones.- hable lo mas sarcástica que podía.

Se rio de nuevo.

-Lo siento mucho.- se disculpo.

-Yo lo siento más.

Había terminado de cobrarle, había hablado con el jefe se había echado la culpa de todo. No era para mas lo tenía que hacer después del regaño que me habría llevado pos su culpa.

 Pero antes de irse me había dejado su número de teléfono.

No sé si lo llamaría no lo conocía solo su nombre y podía estar muy espectacular y todo pero nada a que arrodillarme me apegue a  eso, los hombres solo son un fastidio y si llegase a pasar algo seria sin compromiso nada de amor solo placer de una noche.

No estaba acta para un: “Juntos por siempre y para siempre”.

Solo una vez me había aceptado las cosas en serio ese era el momento donde podía decir que era feliz que mi sonrisa se podía mantener por horas, un Hombre muy mayor… claro más que yo 30 y yo 19 pero aun así no lo aparentaba me hacia subir a los cielos con su sonrisa, era una inexperta en el amor para ese entonces  eso para mí era como fresas con crema en la boca, el me acepto con mis errores nunca se burlo de mi al contrario el me ayudo a superarlos a superar mis temores, mi vida era feliz como nunca antes no existía rencor no existía el odio.

Cambie… cambie todo de mí y me gusto me sentía bien conmigo misma podía cerrar los ojos y caminar segura a su lado… pero como todos dicen solo era un Cuento un cuento que así como empezó… terminaría. Un día me dejo una carta diciendo que no se arrepentiría nunca de lo que paso entre nosotros pero que tenía que irse… y que fuera yo en todo momento que no tuviera miedo al caminar porque mis pisadas ya eran estables… y un adiós que dejo después de tanto amor.

Me dolió como nada tuve que darme mil golpes en el pecho pero aun así hasta el sol de hoy aun le siento aun siento sus labios en mi cuello siento sus manos en mi espalda aferrándome a su pecho… el me hizo mujer nunca lo podía olvidar camine con los ángeles ese día me entregue en cuerpo y alma y de nada sirvió de nada valió solo dejo un enorme hueco en mi corazón.

Y desde ese día dije que no volvía amar que nadie me volvería a lastimar… y si del odio y el desprecio de la gente tenía que vivir lo aceptaría.

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Hola chicas aqui les traigo esta nueva historia no durara mucho por lo que veo... espero que les guste soy muy sencilla con las palabras en realidad pero espero que les guste ire publicando cuando pueda y uno o dos dias ya veran otras nuevas.
Un beso gracias por los comentarios yess, anto y a lluvias en el silencio de la noche.
Hasta pronto.

2 comentarios:

Yess Evenson Masen de Withlock dijo...

AWWWWWWWWWWWWWW EXCELENTE INCIOOOOOOOOOO ESPERO SABER Q SIGUE PRONTOOOOOOOOOOOOO!! ME ENCANTO HEAVEN!
BESOTES!

Ángel O'Shea. dijo...

jaja esto me hace acordar tanto a como te pones cuando te enojas, !
amichi? en serio? wuacala!
ya nos leemos mas, Hea!
besos!